¿Llevas una temporada rara y no sabes qué te ocurre? ¿Sientes que no tienes ganas de hacer nada? ¿No tienes fuerzas ni para hacer las tareas básicas del hogar? ¿Sólo quieres estar tumbado/a en el sofá de casa?
La depresión afecta en España aproximadamente a un 10% de la población, la edad de comienzo actualmente se sitúa en torno a los 20 – 25 años y tiene mayor prevalencia entre las mujeres. La depresión alude a disminución de funciones, reducción de la actividad, enlentecimiento fisiológico, baja actividad biológica, psicológica y social. Los principales síntomas son: apatía, tristeza, inhibición, desmotivación, desinterés, negativismo y pérdida de la capacidad para disfrutar de las cosas cotidianas (anhedonia). Además a nivel biológico se producen otra serie de síntomas que afectan al organismo: alteraciones en el apetito, cambios en el peso, falta de deseo sexual, alteraciones del sueño, lentitud motora o agitación.
El estrés, así como otras patologías y trastornos, como la ansiedad, anorexia, enfermedades crónicas, etc. conllevan a menudo como síntoma la depresión. También existen otras situaciones interpersonales que provocan un estado depresivo como pueden ser el duelo, la soledad, tristeza prolongada u otras experiencias vitales estresantes, que unido a unas deficientes habilidades de afrontamiento abocan a la persona a sumirse en un estado de aletargamiento que, si no se pone remedio, termina provocando un trastorno del estado de ánimo.
A consecuencia de este estado y la vulnerabilidad cognitiva y conductual que provoca la depresión, ocurre que la persona siente:
Desesperanza e indefensión ante la vida.
Disminución de la autoestima
Pérdida de interés por el medio, se percibe como amenazante e incontrolable.
Atribución de los resultados negativos a la propia incapacidad, se cree que es algo estable (percepción negativista del mundo) y que afectará a todas las áreas de su vida.
Círculo vicioso difícil de romper: inactividad – bajo estado de ánimo – pérdida de capacidad para el disfrute
Pérdida de la sensación de control, por lo tanto, percepción el mundo como un lugar poco seguro.
Visión negativa y desvalorizada de uno mismo, del mundo que le rodea y una visión pesimista y negativa del futuro.
Pensamientos inadecuados e irracionales.
Emoción y afecto alterados.
Para el tratamiento de la depresión lo más común es recetar antidepresivos (ISRS, IMAO, ISRNS, litio…) pero a mi modo de ver, resulta ser un tratamiento incompleto, pues la persona aunque mejore su estado de ánimo y vuelva a su funcionamiento habitual, en el futuro seguirá contando con las mismas herramientas ineficaces que le llevaron a caer en la depresión. Por lo tanto, considero más apropiado la terapia psicológica que ayude a la persona a sustituir las conductas inadecuadas e ineficaces por otras más efectivas,y además adquiera nuevas habilidades que le permitan afrontar las situaciones estresantes de forma adecuada, evitando de este modo depender de sustancias químicas para estar bien y con la seguridad de poder afrontar eficazmente cualquier situación que se le presente.
La intervención psicológica en depresión consta, de forma general, de los siguientes apartados, pero hay que tener en cuenta que el tratamiento variará en función del caso particular de cada persona:
Enriquecimiento positivo del medio mejorando la red y el apoyo social.
Reducir el castigo y la indefensión
Entrenamiento en respiración diafragmática y técnicas de relajación
Aumento de las actividades placenteras
Programación de las actividades cotidianas y laborales
Entrenamiento en habilidades personales, sociales y de solución de problemas
Modificación del estilo atribucional inadecuado característico del depresivo
Confrontación de pensamientos irracionales y sustitución por otros más adecuados
Otros problemas asociados: insomnio, problemas de pareja, alimentación…
Como hemos dicho anteriormente, este programa de tratamiento ha de adaptarse a cada caso particular a través de una completa evaluación por parte del terapeuta. Por último, es conveniente planificar un plan de prevención para futuras posibles ocasiones en que la persona tenga que luchar contra los síntomas depresivos. También se debe aportar un punto de vista más positivo hacia la vida generando en la persona una serie de recursos psicológicos para promover el optimismo, una sana autoestima, vitalidad y entusiasmo, manejo del perdón hacia sí mismo y los demás, gratitud y una comunicación eficaz, entre otros aspectos.
Vemos el mundo de acuerdo a nuestro estado de ánimo. La forma en que lo vemos no dice algo sobre el mundo, nos dice algo sobre nosotros
Deja una respuesta